Sabrina Moreno

Liderar también pone a prueba la identidad de quien lidera

El liderazgo no solo revela nuestras capacidades. También puede hacer visibles las partes de nosotros que aparecen cuando aumenta la responsabilidad, la incertidumbre o la presión.

 

El liderazgo suele abordarse desde las capacidades que una persona necesita desarrollar. Pero cada nuevo contexto también puede hacer visibles respuestas, creencias y formas de posicionarnos que antes no aparecían con la misma intensidad. Liderar implica responder por otros y por los resultados, pero también continuar aprendiendo sobre la persona que lidera.

Liderar suele asociarse con una serie de capacidades: tomar decisiones, comunicar, delegar, desarrollar personas, gestionar conflictos, sostener resultados.

Pero ejercer el liderazgo también coloca a una persona frente a situaciones que pueden desafiar la manera en que se percibe a sí misma, aquello que necesita demostrar, su relación con el error, el control, la autoridad o la incertidumbre.

Por eso, desarrollar liderazgo no consiste solamente en incorporar herramientas.

También puede implicar conocernos en contextos en los que algo importante para nosotros está en juego.

El cargo no resuelve el liderazgo

Convertirse en gerente, director o responsable de un equipo modifica una posición dentro de una organización, pero no transforma automáticamente la estructura interna de quien ocupa ese lugar.

La persona llega al cargo con experiencia, conocimientos y capacidades, pero también con su historia, sus creencias, su autoconcepto, sus expectativas y determinadas maneras aprendidas de responder.

Y comienza a liderar desde ahí.

Puede haber aprendido técnicas para delegar y, sin embargo, descubrir que le resulta difícil soltar el control cuando siente que el resultado también habla de su capacidad.

Puede saber cómo recibir retroalimentación y ponerse a la defensiva cuando una observación cuestiona una decisión de la que estaba especialmente seguro.

Puede valorar la autonomía de su equipo y comenzar a concentrar decisiones cuando aumenta la incertidumbre.

No necesariamente existe una contradicción entre lo que sabe y quién es.

Puede existir una diferencia entre aquello que una persona sabe hacer y aquello que consigue sostener cuando cambia el contexto.

El contexto también lidera con nosotros

Imaginemos a un gerente de hotel.

Durante una temporada favorable, con buenos resultados y un equipo motivado, puede resultarle relativamente sencillo delegar, escuchar propuestas y permitir autonomía.

Ahora cambiemos las condiciones.

Baja la ocupación, aumenta la presión por los resultados, aparecen preocupaciones dentro del equipo y algunas decisiones empiezan a tener mayor peso.

El líder sigue siendo la misma persona.

Pero el contexto no es el mismo.

Y aquello que la situación significa para él también puede cambiar.

Quizás comienza a supervisar más. Se vuelve menos tolerante frente al error. Centraliza decisiones que antes delegaba o siente que tiene que resolver personalmente aquello que antes permitía que otros gestionaran.

No porque necesariamente haya dejado de saber liderar.

Puede ser que la nueva situación esté haciendo visibles aspectos de su funcionamiento que las condiciones anteriores no exigían observar.

Liderar también puede convertirse en un espacio de autoobservación

Aquí aparece una dimensión del liderazgo que me interesa especialmente.

Además de preguntarnos qué necesita el equipo, qué decisión debemos tomar o qué estrategia requiere la organización, podemos empezar a observar qué ocurre en nosotros mientras intentamos responder a esas demandas.

¿Qué situaciones modifican mi manera de comunicarme?

¿Cuándo empiezo a necesitar mayor control?

¿Qué tipo de error me cuesta especialmente tolerar?

¿Frente a quién me resulta más difícil sostener un límite?

¿Qué ocurre conmigo cuando no tengo una respuesta?

¿Qué significa para mí que alguien de mi equipo cuestione mi criterio?

Estas preguntas no eliminan la responsabilidad de liderar.

La profundizan.

Porque permiten observar no solamente qué hacemos como líderes, sino desde qué lugar estamos haciéndolo.

De la identidad fija a una posición que podemos observar

Uno de los riesgos de construir una identidad alrededor del liderazgo es empezar a pensar:

“Yo soy un buen líder.”

“Yo sé delegar.”

“Yo sé escuchar.”

“Yo funciono bien bajo presión.”

El problema no está en reconocer nuestras capacidades.

Aparece cuando esa definición deja de permitirnos observar aquello que sucede cuando nuestra conducta no coincide con ella.

Desde Posicionamiento Interno® me interesa hacer una distinción: una persona no necesariamente se posiciona de la misma manera en todos los contextos.

Puedo tener capacidad para escuchar y descubrir que frente a determinada persona me pongo a la defensiva.

Puedo delegar con facilidad y empezar a controlar cuando aumenta la incertidumbre.

Puedo ser capaz de tomar decisiones complejas y bloquearme cuando siento que equivocarme pone en juego mi propia imagen de competencia.

Entonces la pregunta deja de ser solamente “¿qué clase de líder soy?” y empieza a convertirse en algo mucho más dinámico:

¿Desde qué lugar estoy liderando en esta situación?

Un líder también está aprendiendo a liderar

Quizás por eso conviene revisar parte del “deber ser” que hemos construido alrededor del liderazgo.

Esperamos que quien lidera escuche, inspire, delegue, motive, gestione conflictos, dé autonomía, comunique con claridad, regule sus emociones y consiga resultados.

Son capacidades importantes.

Pero ninguna persona termina de aprender a liderar de una vez y para siempre porque aquello que lidera tampoco permanece igual.

Cambian los equipos.

Cambian las responsabilidades.

Cambian los desafíos.

Cambian las condiciones.

Y también nosotros podemos descubrir nuevas partes de nuestra manera de funcionar cuando esas condiciones cambian.

Reconocerlo no significa disminuir la responsabilidad de quien ocupa una posición de liderazgo.

Significa comprender que desarrollar liderazgo también requiere capacidad para observarse, aprender y reposicionarse frente a aquello que cada nueva realidad pone en juego.

Quizás una pregunta útil no sea solamente:

“¿Qué necesita mi equipo de mí?”

Sino también:

“¿Qué me está mostrando esta situación sobre mi manera de liderar que antes no había necesitado observar?”

Sabrina Viviana Moreno
Estratega en Posicionamiento Humano
Conferencista · Autora
Creadora de Posicionamiento Interno®

 

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