Sabrina Moreno

¿Cuánto de lo que llamas “así soy” has dejado de cuestionar?

Cuando una forma de funcionar se convierte en identidad

A  fuerza de repetir determinadas definiciones sobre nosotros mismos, podemos dejar de observarlas. Y aquello que damos por hecho sobre quiénes somos también puede influir en nuestra manera de interpretar, decidir y responder, incluso cuando queremos producir un cambio.

“Yo soy así.” Lo decimos con mucha facilidad.

Soy tímido.
Soy desconfiado.
Soy controlador.
Soy muy exigente.
Soy independiente.
Soy de los que necesitan tener todo bajo control.

A veces son simples maneras de describirnos. El problema aparece cuando una descripción deja de ser algo que observamos y se convierte en una explicación definitiva de quiénes somos.

Porque si “soy así”, ¿qué queda por mirar?

Durante más de una década trabajando con personas he encontrado muchas veces esta contradicción: alguien quiere modificar una situación de su vida, una manera de relacionarse o incluso un resultado profesional, pero continúa sosteniendo como parte de su identidad aquello que participa en producirlo.

Quiere delegar, pero sigue definiéndose como “el que tiene que estar pendiente de todo”.

Quiere exponerse más, pero continúa presentándose como “una persona a la que le cuesta mostrarse”.

Quiere confiar en otros, pero sostiene que “si no lo hago yo, las cosas no salen”.

No significa que esas dificultades no existan ni que baste con cambiar la manera de nombrarlas.

Significa que quizás valga la pena dejar de tratarlas como una definición y empezar a observarlas como información.

La conducta es la vidriera, no toda la historia

Pienso muchas veces en la conducta como la vidriera de un local.

Cuando miramos una vidriera vemos el resultado terminado. Los productos están allí, ordenados y expuestos. Pero detrás ocurrieron muchos procesos que no podemos ver desde afuera hasta llegar a ese resultado.

Con el comportamiento humano sucede algo parecido.

Vemos que una persona controla, evita, se exige, resuelve todo, se pone a la defensiva, no pide ayuda o necesita revisar constantemente el trabajo de los demás. Y rápidamente aparece una explicación:

“Es controladora.”

“Es insegura.”

“Es perfeccionista.”

“Es poco flexible.”

“Es demasiado independiente.”

Las etiquetas nos ayudan a ordenar rápidamente lo que observamos. Pero describir una conducta no necesariamente significa comprender qué la está produciendo.

Y aquí aparece una distinción importante:

Una conducta no es una explicación. Es información.

Y puede ser un punto de partida para empezar a preguntar.

Lo mismo por fuera puede ser muy diferente por dentro

Esta es una de las razones por las que intento no reducir una conducta a una única causa.

Dos personas pueden hacer aparentemente lo mismo y estar respondiendo desde lugares internos diferentes.

Alguien puede estudiar constantemente porque disfruta profundamente aprender. Otra persona puede hacerlo porque necesita mantenerse actualizada profesionalmente. Otra puede sentir una fuerte presión por no quedarse atrás. Y para otra, saber puede haberse convertido en una manera de sostener su percepción de competencia.

Incluso pueden coexistir varias de esas motivaciones.

Lo mismo puede ocurrir con el control, la productividad, la autosuficiencia, la búsqueda de reconocimiento o la dificultad para delegar.

Por eso la pregunta no es únicamente:

“¿Qué estoy haciendo?”

También podemos empezar a preguntarnos:

“¿Qué está participando en mi manera de hacer esto?”

Ahí la observación cambia.

Cuando “así soy” también entra a trabajar con nosotros

Esto no queda fuera de la oficina cuando comenzamos nuestra jornada laboral.

Nuestra manera de interpretarnos, nuestras expectativas, aprendizajes, experiencias anteriores, creencias y formas habituales de responder también participan en cómo ejercemos un rol profesional.

Un líder puede saber perfectamente que necesita delegar y, sin embargo, intervenir cada vez que alguien toma un camino diferente al suyo.

Puede querer generar autonomía y sentirse profundamente incómodo cuando deja de controlar el proceso.

Puede valorar la participación de su equipo y, al mismo tiempo, ponerse a la defensiva cuando alguien cuestiona su propuesta.

Puede saber que necesita conversar de otra manera y reaccionar exactamente como había decidido que no quería hacerlo cuando aparece la presión.

Decirle simplemente “delega más”, “escucha mejor” o “aprende a manejar el estrés” es solo una posibilidad que no necesariamente permite comprender qué está ocurriendo en esa persona cuando llega el momento de utilizarlas.

Y esa diferencia importa. Porque muchas dificultades profesionales no aparecen por desconocer qué deberíamos hacer.

Aparecen en la distancia entre aquello que sabemos y la posición desde la que finalmente respondemos cuando algo se pone en juego.

Observar no significa encontrar una causa para todo

Aquí también conviene evitar el extremo contrario.

Observar nuestra estructura interna no significa buscar una explicación psicológica para cada conducta ni asumir que detrás de todo existe un problema que debemos resolver.

Tampoco significa establecer relaciones automáticas del tipo:

“Si controlas, es porque tienes miedo.”

“Si te exiges, es porque no te sientes suficiente.”

“Si no delegas, es porque no confías.”

Una misma conducta puede estar atravesada por factores diferentes según la persona, su historia y el contexto.

Autoconcepto, creencias, aprendizajes, experiencias previas, expectativas, percepción e interpretación pueden participar, entre otros elementos, en nuestra manera de responder.

Por eso observar no siempre significa encontrar inmediatamente una respuesta.

A veces significa algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más difícil:

dejar de dar por obvia nuestra primera explicación.

El cambio no empieza siempre donde creemos

Cuando queremos cambiar algo, solemos mirar inmediatamente hacia la acción.

¿Qué tengo que hacer diferente?

¿Qué hábito tengo que incorporar?

¿Qué decisión tengo que tomar?

¿Qué herramienta necesito?

Son preguntas necesarias. Pero no siempre son el punto de partida.

Podemos decidir poner límites y seguir sintiéndonos responsables por la reacción del otro.

Podemos decidir delegar y continuar necesitando controlar cada paso.

Podemos decidir exponernos profesionalmente y seguir interpretando cada mirada como una evaluación de nuestro valor.

La decisión puede ser nueva mientras nuestra manera de posicionarnos frente a ella todavía responde a una estructura anterior.

Y por eso algunos cambios requieren tiempo.

No es magia.

Implica observar, comprender, probar respuestas diferentes, revisar qué ocurre cuando intentamos sostenerlas y, progresivamente, integrar una manera distinta de posicionarnos.

Del juez al observador

Estamos muy entrenados para mirar hacia afuera.

Qué hizo el otro.

Qué dijo.

Cómo respondió.

Qué debería haber hecho.

Qué está haciendo mal.

Mucho menos frecuente es detenernos a observar qué ocurre en nosotros frente a eso, no para negar la realidad exterior, hay conflictos reales, errores, incumplimientos, relaciones difíciles y contextos que necesitan modificarse. Sino para incorporar una pregunta que normalmente dejamos afuera:

¿Qué de mí está participando en la manera en que estoy interpretando y respondiendo a esta situación?

Convertirnos en observadores no significa dejar de interpretar. Significa empezar a reconocer que nuestra primera interpretación no necesariamente agota todas las posibilidades.

Y en ese espacio puede aparecer algo que antes no estaba disponible: elección.

Posicionamiento Interno®: comenzar antes de la conducta

Este es uno de los principios desde los que desarrollé Posicionamiento Interno®.

Antes de intentar modificar únicamente aquello que una persona hace, se debe observar la estructura interna desde la que interpreta la realidad, toma decisiones, se relaciona y responde.

No para cuestionarlo todo.

Hay aprendizajes, capacidades y maneras de funcionar que son perfectamente útiles y que no necesitan cambiar.

El trabajo comienza cuando aquello que hacemos deja de producir los resultados que buscamos, genera un costo que ya no queremos sostener o entra en contradicción con la persona, el profesional o el líder que queremos desarrollar.

Entonces la conducta deja de ser solamente algo que corregir. Se convierte en una puerta de entrada para observar.

Quizás, frente a algo que llevas mucho tiempo intentando cambiar, puedas empezar por una pregunta diferente:

¿Esto realmente es “como soy” o es una manera de funcionar que hace tanto tiempo repito que dejé de observarla?

Sabrina Viviana Moreno
Estratega en Posicionamiento Humano
Conferencista · Autora
Creadora de Posicionamiento Interno®

 

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