Observar no significa encontrar una causa para todo
Aquí también conviene evitar el extremo contrario.
Observar nuestra estructura interna no significa buscar una explicación psicológica para cada conducta ni asumir que detrás de todo existe un problema que debemos resolver.
Tampoco significa establecer relaciones automáticas del tipo:
“Si controlas, es porque tienes miedo.”
“Si te exiges, es porque no te sientes suficiente.”
“Si no delegas, es porque no confías.”
Una misma conducta puede estar atravesada por factores diferentes según la persona, su historia y el contexto.
Autoconcepto, creencias, aprendizajes, experiencias previas, expectativas, percepción e interpretación pueden participar, entre otros elementos, en nuestra manera de responder.
Por eso observar no siempre significa encontrar inmediatamente una respuesta.
A veces significa algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más difícil:
dejar de dar por obvia nuestra primera explicación.
El cambio no empieza siempre donde creemos
Cuando queremos cambiar algo, solemos mirar inmediatamente hacia la acción.
¿Qué tengo que hacer diferente?
¿Qué hábito tengo que incorporar?
¿Qué decisión tengo que tomar?
¿Qué herramienta necesito?
Son preguntas necesarias. Pero no siempre son el punto de partida.
Podemos decidir poner límites y seguir sintiéndonos responsables por la reacción del otro.
Podemos decidir delegar y continuar necesitando controlar cada paso.
Podemos decidir exponernos profesionalmente y seguir interpretando cada mirada como una evaluación de nuestro valor.
La decisión puede ser nueva mientras nuestra manera de posicionarnos frente a ella todavía responde a una estructura anterior.
Y por eso algunos cambios requieren tiempo.
No es magia.
Implica observar, comprender, probar respuestas diferentes, revisar qué ocurre cuando intentamos sostenerlas y, progresivamente, integrar una manera distinta de posicionarnos.
Del juez al observador
Estamos muy entrenados para mirar hacia afuera.
Qué hizo el otro.
Qué dijo.
Cómo respondió.
Qué debería haber hecho.
Qué está haciendo mal.
Mucho menos frecuente es detenernos a observar qué ocurre en nosotros frente a eso, no para negar la realidad exterior, hay conflictos reales, errores, incumplimientos, relaciones difíciles y contextos que necesitan modificarse. Sino para incorporar una pregunta que normalmente dejamos afuera:
¿Qué de mí está participando en la manera en que estoy interpretando y respondiendo a esta situación?
Convertirnos en observadores no significa dejar de interpretar. Significa empezar a reconocer que nuestra primera interpretación no necesariamente agota todas las posibilidades.
Y en ese espacio puede aparecer algo que antes no estaba disponible: elección.
Posicionamiento Interno®: comenzar antes de la conducta
Este es uno de los principios desde los que desarrollé Posicionamiento Interno®.
Antes de intentar modificar únicamente aquello que una persona hace, se debe observar la estructura interna desde la que interpreta la realidad, toma decisiones, se relaciona y responde.
No para cuestionarlo todo.
Hay aprendizajes, capacidades y maneras de funcionar que son perfectamente útiles y que no necesitan cambiar.
El trabajo comienza cuando aquello que hacemos deja de producir los resultados que buscamos, genera un costo que ya no queremos sostener o entra en contradicción con la persona, el profesional o el líder que queremos desarrollar.
Entonces la conducta deja de ser solamente algo que corregir. Se convierte en una puerta de entrada para observar.
Quizás, frente a algo que llevas mucho tiempo intentando cambiar, puedas empezar por una pregunta diferente:
¿Esto realmente es “como soy” o es una manera de funcionar que hace tanto tiempo repito que dejé de observarla?
Sabrina Viviana Moreno
Estratega en Posicionamiento Humano
Conferencista · Autora
Creadora de Posicionamiento Interno®