Sabrina Moreno

Cuando una fortaleza deja de ser una elección

Ser responsable, competente, independiente o resolutivo puede ayudarnos a crecer. El problema aparece cuando dejamos de sentir que podemos funcionar de otra manera.

No todo aquello que nos ha dado buenos resultados sigue siendo necesariamente una elección. Algunas capacidades pueden terminar formando parte de una identidad que sentimos que debemos sostener, incluso cuando hacerlo empieza a tener un costo.

Hay personas que aprendieron muy pronto a resolver.

Otras aprendieron a no molestar, a responder, a ser responsables, a anticiparse, a hacerlo bien. Algunas descubrieron que ser excelentes les daba reconocimiento. Otras que poder solas les daba seguridad. O que estar disponibles para los demás les permitía sentirse necesarias.

Con el tiempo, muchas de esas formas de funcionar pueden convertirse en verdaderas fortalezas.

La persona responsable probablemente construya una carrera alrededor de su capacidad para cumplir. La autosuficiente aprenderá a desenvolverse en situaciones difíciles. La exigente puede alcanzar estándares muy altos. La resolutiva será aquella a la que todos recurren cuando aparece un problema.

Entonces, ¿dónde estaría el problema?

Quizás no esté en la capacidad.

Quizás esté en lo que ocurre cuando dejamos de sentir que podemos no ejercerla.

Una cosa es ser responsable.

Otra es sentir que no puedes fallar.

Una cosa es saber resolver.

Otra es sentir que siempre tienes que tener la respuesta.

Una cosa es ser independiente.

Otra es no poder pedir ayuda.

Una cosa es querer hacer un buen trabajo.

Otra es necesitar hacerlo bien para seguir sintiéndote valioso.

La conducta exterior puede parecer prácticamente la misma. Lo que cambia es el lugar interno desde el que se produce.

Lo que hacemos también puede convertirse en identidad

Durante años he visto algo parecido en personas muy diferentes.

Profesionales cuya capacidad para resolver terminó convirtiéndolos en el lugar al que todos acudían, pero que después no sabían cómo dejar de hacerse cargo.

Personas altamente responsables que podían cumplir con muchísimo, pero vivían cualquier error como algo mucho más grande que un resultado que necesitaba corregirse.

Personas independientes que reclamaban sentirse solas mientras, al mismo tiempo, les costaba profundamente permitir que otro participara.

O profesionales exitosos para quienes dejar de ocupar determinado lugar comenzó a sentirse como perder una parte de quienes eran.

En esos casos, decir simplemente “delega”, “pide ayuda”, “baja la exigencia” o “no te tomes el resultado de manera personal” puede ser correcto.

Pero puede quedarse corto.

Porque quizá esa conducta no está funcionando solamente como una conducta.

Puede estar sosteniendo una determinada idea de uno mismo.

¿Qué pasa si dejo de ser quien aprendí que tenía que ser?

Esta es una de las preguntas que más me interesan cuando observo el comportamiento.

No solamente qué hace una persona, sino qué parece estar en juego internamente si deja de hacerlo.

¿Qué pasa si la persona que siempre puede con todo dice que no puede?

¿Qué significa para alguien acostumbrado a sobresalir dejar de ser el mejor?

¿Qué ocurre cuando quien siempre resuelve necesita esperar a que otro encuentre su propia solución?

¿Qué siente una persona que construyó buena parte de su identidad alrededor de ser fuerte cuando necesita mostrarse vulnerable?

Las respuestas no son universales.

Para alguien puede aparecer miedo a decepcionar. Para otro, sensación de perder control. Para otro, temor a dejar de ser necesario. Para otro, la idea de no ser suficientemente competente.

Y para otra persona quizá no aparezca nada de eso.

Por eso comprender una conducta no consiste en colocarle rápidamente una explicación psicológica. Consiste en explorar qué función cumple para esa persona en particular.

Una fortaleza también puede rigidizarse

Desde Posicionamiento Interno® me interesa especialmente esta diferencia.

Una capacidad amplía nuestras posibilidades cuando podemos utilizarla de acuerdo con lo que la situación requiere.

Pero cuando necesitamos responder siempre de la misma manera para sostener determinada imagen de nosotros mismos, esa capacidad empieza a perder flexibilidad.

Ser responsable sigue siendo valioso.

Pero también necesito poder reconocer cuándo algo no me corresponde.

Ser autónomo sigue siendo una capacidad.

Pero también necesito poder pedir ayuda.

Tener estándares altos puede impulsar el desarrollo.

Pero también necesito poder equivocarme sin convertir el error en una conclusión sobre quién soy.

Resolver es útil.

Pero también necesito poder dejar que otro resuelva.

No se trata entonces de eliminar aquello que nos hizo fuertes.

Se trata de ampliar nuestro repertorio.

De demostrar quién soy a poder elegir cómo responder

Quizás una parte de la madurez profesional consista precisamente en esto: dejar de necesitar demostrar permanentemente aquello que ya sabemos hacer.

Poder desarrollar una capacidad sin convertirla en una prueba de valor.

Poder seguir siendo responsables sin asumirlo todo.

Poder ser independientes sin cerrarnos al apoyo.

Poder aspirar a resultados extraordinarios sin necesitar que cada resultado confirme nuestra identidad.

Y poder reconocer que algunas de las características que más nos ayudaron a llegar hasta donde estamos también pueden necesitar evolucionar.

Porque crecer no siempre implica incorporar algo nuevo.

A veces implica dejar de estar obligados a ser siempre la misma versión de nosotros mismos.

Si esta mirada te interesa, trabajo sobre estas dinámicas a través de conferencias, talleres, mesas de trabajo, programas organizacionales y sesiones individuales.

Mi trabajo desde Posicionamiento Humano y Posicionamiento Interno® parte de una pregunta central: no solamente qué necesitamos hacer diferente, sino desde qué estructura interna estamos interpretando, decidiendo y actuando.

 

Sabrina V. Moreno
Estratega en Posicionamiento Humano
Creadora de Posicionamiento Interno®
Conferencista · Autora

 

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