Sabrina Moreno

La trampa del trabajo interior eterno

Cuando sanar se convierte en una forma elegante de evitar poder

“Hay una forma de evasión que parece crecimiento”.

Personas que leen.
Que entienden su historia.
Que identifican patrones.
Que pueden explicar con precisión por qué reaccionan como lo hacen y, aun así, su vida no cambia. No porque no sepan, sino porque no deciden.

El trabajo interior es necesario, pero no es un destino. Es un puente, y hay quienes han hecho del puente su residencia permanente.

Existe una identidad bien vista: la del eterno “en proceso”. Siempre revisando, siempre integrando, siempre comprendiendo algo más, pero nunca posicionándose del todo, porque atravesar una herida no es sólo entenderla. Es dejar de organizar tu vida alrededor de ella y eso exige carácter.

Hay personas que usan la conciencia como coartada para no asumir poder. Dicen que todavía no es el momento, que necesitan más claridad, pero la claridad ya llegó, lo que falta en realidad, es decisión.

En organizaciones ocurre lo mismo: diagnósticos constantes, talleres, análisis cultural…y ninguna decisión estructural.

Revisar no es transformar. Entender no es actualizar identidad.

Llega un punto en el crecimiento — personal o profesional — en el que ya no se requiere más introspección,  se requiere posicionamiento.

Decir no.
Asumir liderazgo.
Tomar una decisión que te expone.
Cambiar una estructura que ya no sostiene tu siguiente nivel.

 

El proceso te ayuda a comprender quién has sido, pero el poder aparece cuando decides quién vas a ser. No viniste a estar eternamente en proceso, viniste a convertir conciencia en estructura.

Lo demás es aplazamiento elegante.

Y llega un momento en que seguir entendiendo deja de ser profundidad…
y empieza a ser evasión.

Sabrina V. Moreno

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