Sabrina Moreno

La autoestima que se muestra no siempre es la que se tiene

Cuando la autoestima depende de la mirada externa

En la era digital, donde la identidad se exhibe constantemente, muchas personas confunden autoestima con validación externa. Este fenómeno —cada vez más frecuente— revela una pregunta incómoda:

¿Cuánto de lo que mostramos realmente nace de nosotros?

Hoy se habla más que nunca de amor propio, seguridad personal y autoestima.
Paradójicamente, muchas personas se sienten cada vez más inseguras.

En la era de la hiperconectividad, los conceptos psicológicos circulan rápido, se repiten constantemente y, en muchos casos, terminan simplificándose o distorsionándose. Uno de ellos es precisamente la autoestima.

En este contexto comienza a aparecer un fenómeno cada vez más visible: la autoestima performativa. Se trata de una forma de valoración personal que no nace de una convicción interna, sino de la validación externa.

A diferencia de una autoestima saludable —que suele ser silenciosa y estable— la autoestima performativa necesita mostrarse, demostrarse y buscar confirmación.
No se basa tanto en ser, sino en hacer visible que se es.

En muchos casos se proyecta una imagen de seguridad, bienestar o éxito frente a una audiencia —especialmente en entornos digitales— con la expectativa de recibir retroalimentación: aprobación, reconocimiento o visibilidad.

El problema aparece cuando esa retroalimentación comienza a funcionar como medida del valor personal. Si la respuesta llega, la identidad parece fortalecerse. Si la respuesta no aparece, la seguridad interna empieza a resquebrajarse.

En ese punto el amor propio deja de ser una experiencia íntima y se convierte en una actuación destinada a convencer tanto a los demás como a uno mismo.

La pregunta entonces se vuelve inevitable:

¿Tu autoestima es… o solo parece?

Cuando la identidad empieza a comportarse como una marca

En el entorno digital la identidad también ha comenzado a desplazarse hacia otra lógica: la de la visibilidad.

Cada vez más personas sienten que no solo deben estar bien, sino también parecer que están bien. La coherencia interna queda relegada frente a la exposición pública y el
valor personal comienza a medirse en términos de presencia, impacto o aprobación.

Este desplazamiento también explica otro fenómeno frecuente: el positivismo forzado.

El optimismo auténtico suele ser una expresión natural de una autoestima sólida.
El positivismo impuesto funciona de otra manera:

– Se repiten frases motivacionales.
– Se construyen rituales de autocuidado.
– Se comparten discursos de superación.

A simple vista parecen herramientas de bienestar, pero en muchos casos terminan generando más presión que alivio.

Porque detrás de la necesidad de mostrarse fuerte, feliz o agradecido, muchas personas experimentan exactamente lo contrario: comparación constante, ansiedad y sensación de insuficiencia.

La nueva dependencia invisible

Existe además una paradoja inquietante.

Cuanto más intentamos demostrar seguridad frente al mundo, más dependientes nos volvemos de la mirada externa y la tan ansiada promesa de libertad personal puede terminar transformándose en una nueva forma de dependencia: la dependencia de la aprobación. Por eso hoy resulta cada vez más importante ampliar la pregunta.

Durante mucho tiempo el trabajo interior se centró exclusivamente en el individuo.

Sin embargo, el entorno digital también está moldeando profundamente la forma en que las personas construyen su identidad y su autoestima.

La pregunta ya no es solamente qué nos pasa a nosotros. También es necesario preguntarnos en qué tipo de entorno estamos intentando construirnos. Porque cuando el valor personal depende de la mirada del público, la identidad deja de ser un espacio íntimo y se convierte en un escenario.

Y vivir permanentemente en un escenario tiene un costo.

Cruzar el umbral

Hay momentos en los que las respuestas rápidas dejan de convencer. Las frases motivacionales ya no alcanzan. Las explicaciones superficiales pierden fuerza.

Ahí, comienza a aparecer una pregunta más profunda:

¿Desde qué lugar estoy viviendo realmente?

Ese momento puede resultar incómodo, pero también marca el inicio de algo más honesto.

Porque el verdadero trabajo interior no consiste en construir una mejor imagen de nosotros mismos, sino en revisar el lugar desde donde estamos existiendo.

A veces ese proceso ocurre en silencio.
Otras veces ocurre en conversación.

Lo importante no es demostrar quién eres.

Lo importante es atreverte a descubrirlo.

 

Sabrina V. Moreno

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