¿Quién se sentó hoy a negociar: el líder que eres o el niño que aprendió a defenderse a los 7 años?
Piensa en la última vez que reaccionaste de una manera que después no entendiste del todo. Esa tensión que subió demasiado rápido. Esa palabra que salió antes de que pudieras pensarla. Tu cerebro adulto tiene la experiencia de un líder — pero en los momentos críticos sigue ejecutando las respuestas del niño que alguna vez necesitó sobrevivir. El trabajo real no es aprender a liderar mejor. Es conocerte lo suficiente para que tu pasado deje de firmar tus decisiones.