Sabrina Moreno

¿Por qué seguimos repitiendo el mismo patrón aunque ya sabemos que no nos hace bien?

No es falta de voluntad. No es falta de consciencia. Es que el cambio real ocurre en un nivel más profundo del que solemos mirar.

Hay algo que casi todas las personas han vivido alguna vez: saber exactamente qué está pasando, entender qué habría que hacer diferente, y aun así volver a lo mismo. No una vez,  muchas veces. Con distintas personas, en distintos contextos, ante distintas situaciones.

La explicación más común es la falta de voluntad o la falta de  disciplina o  de compromiso con el cambio. Pero esa explicación, además de ser injusta, no es precisa. Porque la mayoría de las personas que repiten patrones que no les hacen bien no lo hacen porque quieren. Lo hace porque opera en piloto automático desde un lugar que todavía no fue observado.

El cerebro es, entre otras cosas, una máquina de eficiencia. Aprende patrones, los consolida y los automatiza para no tener que procesar cada situación desde cero. Eso es una ventaja enorme en muchos contextos y se convierte en un obstáculo cuando los patrones que automatizó ya no son útiles — pero el cerebro los sigue ejecutando porque son los que conoce.

No repetimos los mismos patrones porque no queremos cambiar. Los repetimos porque el cerebro hace exactamente lo que aprendió a hacer — incluso cuando ya sabemos que hay otra manera.

Eso explica algo que parece paradójico: personas muy conscientes, con mucha información y mucho trabajo personal, que igual siguen repitiendo ciertas dinámicas. No porque el trabajo no sirva. Sino porque la consciencia intelectual de un patrón no es suficiente para desactivarlo. El patrón no vive en el pensamiento, vive en la estructura interna desde donde esa persona interpreta y responde a lo que ocurre.

Y esa estructura se construyó mucho antes de que hubiera consciencia para cuestionarla. Se construyó a partir de experiencias tempranas, de aprendizajes sobre cómo funcionan los vínculos, la autoridad, el error, el reconocimiento. De historias que en algún momento tuvieron sentido y que el sistema nervioso consolidó como verdades operativas — como la forma en que las cosas son y deben responderse.

Cambiar un patrón sin comprender el lugar desde donde nace es como intentar modificar lo que aparece en una pantalla sin tocar el programa que lo genera.

En los equipos y organizaciones, esto tiene consecuencias muy concretas. Un líder que ya sabe que tiende a microgestionar, que reconoce que le cuesta delegar, que entiende intelectualmente que su estilo genera dependencia — y que aun así, cuando la presión sube, vuelve a intervenir en cada detalle. No porque no quiera hacerlo diferente. Sino porque el lugar interno desde donde opera todavía no cambió.

El mismo principio aplica a equipos que repiten dinámicas disfuncionales aunque todos sean conscientes de ellas. A organizaciones que invierten en formación y desarrollo sin ver cambios sostenidos en el tiempo. La pregunta no es qué saben las personas que las integran. La pregunta es desde qué lugar interno están operando cuando la presión los devuelve a lo automático.

El cambio real no ocurre cuando una persona aprende algo nuevo. Ocurre cuando cambia el lugar interno desde donde interpreta y responde a lo que vive.

Ese es el trabajo que más me interesa acompañar. No el de agregar información ni de enseñar nuevas conductas. Sino el de ayudar a identificar qué estructura interna está generando los patrones que una persona o un equipo quiere transformar. Porque cuando esa estructura cambia, el cambio no requiere esfuerzo constante. Simplemente ocurre.

Si reconociste algo en este texto — un patrón que se repite, un cambio que no se sostiene, una dinámica que vuelve aunque nadie la quiera — el trabajo empieza exactamente en ese reconocimiento.

Trabajo con líderes y organizaciones en conferencias, talleres, mesas de trabajo y sesiones ejecutivas diseñadas para intervenir donde el cambio real ocurre.

Si resonó, hablemos.

Sabrina V. Moreno | Conferencista | Estratega en Posicionamiento Humano | Neurociencia aplicada al liderazgo | Autora de «La niñez que dolió»

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